Conferencia virtual "Equidad y género en la comunicación"
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"Niña de agua nunca sabrás sumar lo que te quiero" Víctor Manuel San José
“La vida es a veces luz y a veces sombra”… así canta Ana Belén en Niña de agua, una canción compuesta por su compañero de vida Víctor Manuel San José. Y no es coincidencia que quiera dedicar unas líneas, con esta melodía, a ese ser que llegó un 4 de marzo del 2012 a mi vida: mi hija Amelia.
Muchas personas me han preguntado las particularidades de este gran deseo y realización de ser madre y quisiera recordar a esos seres que con fé les pedí por este gran regalo: la Virgen de la Caridad del Cobre, San Lázaro, la Virgen de Regla y Amelia (“La Milagrosa”).
Como nunca mis embarazos podían desarrollarse, recuerdo que visité el Cementerio de Colón y pedí con mucha fe tener un hijo o hija. Luego, visité El Rincón y también imploré. Y en los próximos días ya se cumple un año de la llegada al mundo de mi pequeña.
Celebraré en estos días este regalo de Dios y mis Santos, porque Amelia trajo a mi vida luz y amor.
Niña de agua
No es que la casa no tuviera techo
pero si algo faltaba lo tenemos.
Nada me gustaría como saber cierto
a qué o a quién tendré que agradecerlo.
No es que los días no estuvieran llenos
para la ternura siempre hay tiempo.
Ya está el rompecabezas amarrado
fue la pieza que andábamos buscando.
No viniste del frío ni la lluvia.
Llegaste del amor y de la luna.
Niña de agua
te crecerán las alas y tu vuelo,
niña de agua,
quizá oscurezca el sol así lo creo.
Niña de agua
nunca sabrás sumar lo que te quiero.
Desde el alba dispuesta hasta la aurora
descubres todo y todo te impresiona:
del perro hasta la hormiga laboriosa
la vida a veces luz a veces sombra.
(1986)
Matrimonio, ¿paciencia y/o valor?
Hace 15 años soñaba con el matrimonio, atribuyéndole un valor como esa unión de dos seres con diversas formas de ser y sentir, de actuar y crear en la vida. Con el paso de los años, descubrí que el amor va más allá de los trámites tan burocráticos como la firma de un papel. En otros contextos, entendí que la consumación en el altar, hace que los votos se mantengan más allá de la vida. Esto, como una constatación de la relación mítica perenne entre el hombre - la mujer y su Dios.
En estos tiempos, donde aún persiste la ilusión por formalizar una relación basada en estándares religiosos, morales, éticos e incluso, de un “bien y buen vivir en pareja”, creo que es importante aprender sobre las nuevas maneras de convivencia.
Para algunas personas es preferible conocerse antes de… Para otros, es una seguridad que le garantiza que la separación, dado el caso, sea menos probable por implicaciones afectivas y económicas. Mientras que para los que creen en el verdadero amor, es una maravillosa prueba de sus sentimientos.
Con los antecedentes de los discursos entorno a lo emotivo-material, quiero remontarme y tener gratos recuerdos de esos “amores en moneda nacional” en Cuba, mi tierra natal, y por eso me detengo a escuchar Propuesta de Buena Fé. Y es en ese contexto que quisiera creer en la trascendencia y el esfuerzo del matrimonio. Porque bien dice la canción: “Amor, amor: buen motivo para dos, espero que te alcance y que te sobre la paciencia y el valor”.
No apagues el candil...
Hoy amanecí recordando la letra de “Candil de Nieve” de Pablo Milanés y Raúl Torres. Mientras hacía los quehaceres cotidianos en casa, antes de salir al trabajo, la escuchaba y tomaba un café bien fuerte.
A veces en la vida no somos capaces de discernir entre el amor y el dolor, entre el ser y poder, entre lo que tenemos y ya no queremos.
Es una dicotomía, donde los seres humanos nos volvemos complejos e intransigentes.
Por eso hoy sí necesité de esa “fuga, catatónica, nocturna, un viento breve al edén de un sábado, donde un ave miope te espera leve, de las malas colisiones, no te puedes escapar, candil de nieve, y es que si lo ves volando sobre el labio de otra flor te encolerizas, te ruborizas candil de nieve”.
Y así fue como sentí la necesidad de encender el clavel, de ver la razón al amanecer de lo que me falta, de lo que no alcancé (parafraseando a “Candil de Nieve”).
“No pienso que sufrir es aquella opción
que nos dio algún dios para salvarnos;
no apagues el candil
o la nieve te hunde en el centro del dolor”.
Por tanto, a veces hay que mirar lo grande del camino porque “otras lágrimas te esperan cual angustias pasajeras en tu camino y otras musas más ligeras pintarán y tocarán otro destino sal a buscarlas candil de nieve”.
Y así fue como inicié este día, amando mi espacio, mi “cuarto propio” y sintiendo que el mundo siempre puede estar a nuestros pies si definitivamente nuestra actitud es propositiva y de cambio, cuando así las circunstancias lo ameriten.
Frases de: “Candil de Nieve”. Autores: Pablo Milanés y Raúl Torres
¿Paternidad en crisis e incapacidad de amar?
Crecí convencida que mi padre es único y que no “es cualquiera”. A pesar de la distancia, lo he tenido presente en cada paso. No recuerdo un instante en el que lo necesité y no estuvo a mi lado. Sin embargo, para muchos hombres actualmente la responsabilidad debe recaer mayoritariamente en las madres y no en ellos, incluso existen mujeres que les incomodan las relaciones permanentes de sus parejas con sus hijos, fruto de relaciones anteriores.
Así está girando el mundo, con una crisis permanente de la paternidad responsable que acentúa situaciones de discriminación hacia las mujeres. Incluso, hay quienes justifican esta incapacidad de amar a sus propios hijos/as por diferencias e incompatibilidad de caracteres con las madres, ex parejas.
No hay que generalizar, pero invito a mis colegas, amigos, lectores, a que respondan para sí las siguientes preguntas: ¿con qué frecuencia me preocupo por mis hijos/s? ¿Es suficiente estar pendiente de la fecha de vencimiento de la pensión? ¿Qué afectos diarios cultivo en ellos/as? ¿Qué valores le enseño?
Por este motivo, quisiera regalarles para acompañarles en su meditar la "Oración de un Padre", escrita por Douglas MacArthur, en la que dijo: "Dame, Oh Señor, un hijo que sea lo bastante fuerte para saber cuándo es débil y lo bastante valeroso para enfrentarse consigo mismo cuando sienta miedo; un hijo que sea orgulloso e inflexible en la derrota honrada y humilde y magnánimo en la victoria. Condúcelo, te lo ruego, no por el camino cómodo y fácil, sino por el camino áspero, aguijoneado por las dificultades y los retos. Allí déjale aprender a sostenerse firme en la tempestad y a sentir compasión por los que fallan, que su corazón sea claro, cuyos ideales sean altos, un hijo que se domine a sí mismo, antes que pretenda dominar a los demás; un hijo que avance al futuro, pero que no olvide el pasado y que con humildad pueda recordar siempre la sencillez de la verdadera grandeza, la imparcialidad de la verdadera sabiduría, la mansedumbre de la verdadera fuerza. Entonces, yo, su padre, me atreveré a murmurar: NO HE VIVIDO EN VANO".
Por eso, pensemos cuál es el modelo de un padre que espera un hijo o hija: si es aquel ausente, escurridizo, intermitente, despreocupado… o aquel que construya el porvenir de forma conjunta y con amor.




